sábado, 29 de enero de 2011

Tabú Latinoamérica: Sanaciones alternativas

Algunos harían cualquier cosa para encontrar una solución definitiva a un problema o una enfermedad. Si un médico convencional no puede curarlos, o la mala suerte parece perseguirlos, estas personas están dispuestas a todo, aún cuando para muchos la solución sea todo un tabú.

En esta ocasión, Tabú Latinoamérica presenta tres historias donde personas se someten a fuertes rituales en los que la fe es el único ingrediente que los llevará a encontrar una solución a lo que les preocupa. Espíritus, fuego y demonios aparecen ante los ojos de toda la región.

En Argentina, una mujer está desesperada por liberar de su cuerpo a un espíritu que cree mantenerla en su poder. Sandra asistió a un ritual que la dejó con problemas de salud y, además, con la pesadilla de ver sombras y sentir el movimiento de los muebles de su casa. Sin encontrar una solución con un médico o un psiquiatra, su última opción fue someterse a un exorcismo con el padre Manuel, un sacerdote obispo de la Iglesia Católica Luterana que ha realizado más de 100 exorcismos sacando demonios.

En México, un pueblo logró su fama internacional gracias a la brujería. Los brujos de Catemaco tienen un lugar en la mente de las personas cuando piensan en curarse de una enfermedad, quitarse la mala vibra o incluso atraer al hombre o mujer de sus sueños. Gisela ve muy mal a su marido Beto y decide llevarlo a un ritual con Reyes. Hierbas, huevos, oraciones, estrellas de fuego y energías que sólo se mueven en ese lugar trabajan para darle una nueva vida a Beto, quien en el último año ha perdido más de 50 kilos de forma inexplicable.

En Brasil, mientras algunos acuden a cirugías donde el bisturí es el principal instrumento, otros optan por cirugías espirituales, dónde espíritus llegan desde el más allá para atender a miles de personas que hacen largas filas para conseguir una cita. Sin tener un contacto demostrado, algunos dan testimonio de la cura que obtuvieron en este hospital. atendido por espíritus.


Nombre:
Ricardo Diaz
Asignatura:
Circuitos de Alta Frecuencia
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Tercer Parcial 2010-3

Tabú Latinoamérica: De cara a la muerte

Mientras la mayoría de personas evitan hablar del tema de los muertos, los funerales y el más allá; otros buscan la forma de mantener un contacto con sus seres queridos aún cuando ya han pasado varios años desde su muerte.

En esta ocasión Tabú presenta un capítulo con tres historias en las que sus protagonistas tienen contacto con sus muertos por múltiples creencias que los hacen especiales y extremos en sus regiones. Hombres y mujeres, niños y ancianos; estas comunidades rompen con las reglas y el tabú de la muerte ante los ojos de toda Latinoamérica.

En México, los habitantes celebran cada 2 de noviembre el día de los muertos. Algunos hacen ofrendas a los muertos, rezos e incluso bailes, pero en un pueblo llamado Pomuch sus habitantes no se conforman con esto y quieren vivir la fiesta literalmente juntos. Doña Charo es una de ellos. Cada año visita la tumba de sus padres y limpia sus restos para que sus almas encuentren sus huesos limpios el día de la fiesta. Ella lleva 17 años haciéndolo y esta vez tiene un nuevo ingrediente: su nieta la acompañará por primera vez aunque para ella siempre ha sido una pesadilla pasar por el cementerio.

En Colombia, existe un grupo indígena al norte del país llamado Los Wayuu. Aunque muchos preferirían nunca vivir un entierro de un familiar, para esta comunidad la ceremonia se realiza dos veces para cada muerto. En esta ocasión Gladys y sus familiares viajan desde partes lejanas a un cementerio donde exhumarán el cadáver de los abuelos para darles una última despedida. Luego del contacto con sus huesos, quienes hicieron la exhumación toman un baño de ron. Pero para evitar que los espíritus de los muertos que enterraron no los atrapen, esa noche no podrán dormir esa noche y deberán mantener una dieta estricta.

En un pueblo del interior del mismo país, llamado San Bernardo, los habitantes se momifican por proceso natural luego de morir. Muchos creen que una alimentación especial permite este fenómeno. Sin saber si es cierto o no, ellos viven felices al poder ver el cuerpo del difunto casi intacto incluso muchos años después de haber muerto, tanto que algunos optan por ponerlos en vitrinas para atracción turística. Otros trozan las partes de la momia y las depositan en una urna, para ahora sí darles un último adiós.












Trabajos Tabú

Mucho se ha dicho sobre el trabajo y su función social. Que el trabajo dignifica, que es la esencia del hombre, que a través suyo las personas revelan sus potencialidades a la comunidad. Sin embargo, existen trabajos que no comulgan con ninguna de estas máximas. Trabajos asquerosos, riesgosos, peligrosos. Son los trabajos Tabú de los que se ocupa este episodio de Tabú Latino América.


En Buenos Aires, un tanatólogo presenta su ocupación. Su tarea es embellecer a los difuntos. Diariamente, a cualquier hora, recibe un llamado que lo obliga a trasladarse a un tanatorio para preparar un cadáver que será velado por deudos y amigos. En su desarrollo profesional, el tanatólogo trata con uno de los mayores tabúes de la actualidad: el cuerpo muerto.

En el Instituto Malbrán, también en Buenos Aires, un grupo de personas se exponen al peligro de animales venenosos. Manipulan serpientes, víboras, escorpiones, alacranes y arácnidos para obtener sus venenos y crear con ellos sueros para salvarle la vida a quienes recibieron sus picaduras. En cierto modo, exponen la vida para salvársela a otros.

Buzos de aguas negras. En Buenos Aires un buzo especializado pone su piel en contacto con uno de los ríos más contaminados del mundo, el Riachuelo, que circunda la ciudad. En México, un buzo de aguas negras circula en los hediondos y oscuros drenajes profundos de la ciudad de México. Ambos se mueven a oscuras en aguas putrefactas que transportan desechos humanos, sustancias contaminantes, basura, animales muertos y, más aún, les gusta hacerlo.

En México DF seguimos un día en la vida de un fotógrafo de nota roja. Su trabajo es encontrar la foto de tapa. Muertos, mutilados, ajusticiados, desastres y desgracias son las noticias preferidas por sus editores y por el público. Esto lo lleva a recorrer la ciudad en moto a toda velocidad para llegar a los lugares donde esos acontecimientos ocurren, antes de que la policía le cierre el paso.















viernes, 28 de enero de 2011

El Tabú del aborto


Elementos para un debate plural sobre el aborto
por Paula Castello
(Graffiti en Quito)

Este artículo intenta ser coherente con el nombre Conboca. Invita a recordar a nuestra boca, a nuestra voz. A que es importante compartirla en ese afán por construir colectivamente un espacio donde nutrir y expresar nuestras capacidades y deseos.

Así, retomo un tema discutido por décadas, sobre todo entre movimientos de mujeres e instancias de derechos humanos: el aborto. A pesar del tiempo, esta discusión no ha involucrado a la mayor parte de la población. Por esto, y tomando en cuenta el ‘informe desfavorable’ que emitiera la Comisión Especializada Permanente de lo Civil y Penal (CEPCP), el 30 de marzo de 2006, respondiendo al proyecto de reforma de ley sobre los delitos de explotación sexual de los menores (Oficio No. 193-CEPCP-P-06, Congreso Nacional), el objetivo del texto es colocar el problema del aborto clandestino e inseguro en la arena del debate plural y público, para tener la posibilidad de construir un criterio desde la información –siendo esto un derecho- y no en prejuicios morales, dogmas religiosos y fundamentalismos político-ideológicos. Esto no significa ir en contra de credos religiosos o posturas ético-morales, sino reconocer que los extremismos y la falta de diálogos no conducen a soluciones justas. Para ello, recojo elementos controversiales acerca del aborto y algunos datos que permiten visualizar la urgente y necesaria discusión profunda.

En noviembre del 2005, la Diputada Myriam Garcés presentó un proyecto de reforma de ley a los delitos de explotación sexual a menores, contemplando la despenalización del aborto en todos los casos de violación. El artículo 447 permite el aborto solo “para evitar un peligro para la vida o salud de la madre” y “si el embarazo proviene de una violación o estupro cometido en una mujer idiota o demente” (Código Penal). En abril de 2006 la diputada recibe el informe desfavorable. Durante 4 meses, poco o nada salió en los medios de comunicación y, prácticamente, ningún sector de la sociedad fue involucrado en la discusión para tomar una decisión sobre la propuesta.

Entre los argumentos de la Diputada Garcés y las respuestas de la CEPCP se encuentra una discusión protagonista en el debate sobre el aborto, al que todavía no se ha llegado a acuerdos, no solo en Ecuador sino en varios países de América Latina y el mundo.

La vida una de las controversias más grandes en el tema del aborto radica en el derecho humano a la vida. Quienes están en contra del aborto defienden la vida del feto y quienes están a favor, la de la mujer. Así, se vuelve difícil el encuentro entre perspectivas. La CEPCP apeló a la inviolabilidad de la vida, aún cuando no se ha nacido, considerando al aborto como homicidio, mas no se pronuncia acerca de los riesgos de vida que corren las mujeres por tener que someterse a abortos inseguros. El tema de la vida del feto ha generado reflexiones diversas y la única conclusión es la falta de acuerdos, aún dentro del catolicismo, al que apela la CEPCP para defender su argumento.

Durante los seis primeros siglos de cristiandad, el aborto no era considerado homicidio porque se pensaba que la infusión del alma, requisito para convertirse en ser humano, se daba después de la concepción: a los 40 días en varones y 80 en mujeres (Hurst, 1993 en Cárdenas, 2005). De hecho, no fue sino hasta 1869, con el Papa Pío IX, que el aborto fue considerado homicidio por la iglesia, apoyando la visión de que se es persona desde la concepción. Esto no se instituyó sino hasta 1917 con el Código de Derecho Canónico que excomulga a la madre y a quienes provocaron el aborto (Cárdenas, 2005).

Aunque la postura del Papa sigue siendo la misma, la Red Latinoamericana de Católicas por el Derecho a Decidir ha hecho grandes aportes al esclarecer que la Iglesia Católica no se limita al Papa y los obispos y que el Papa no es infalible en todo lo que diga sobre cuestiones morales. Solo es infalible cuando proclama ex cathédra una doctrina, la que deben aceptar todos los miembros de la iglesia, y el Papa nunca se ha pronunciado así sobre el aborto (Maguire, et.al., 1991). Por otro lado, el Concilio Vaticano II, uno de los documentos más importantes de la Iglesia Católica, explica que la conciencia es el núcleo principal del encuentro con Dios. Así, las acciones humanas deben ser conducidas según su conciencia, “inducido por convicción interna personal […] y no por la mera coacción externa” (Cárdenas, 2005).

La maternidad la antropología y otras disciplinas también han generado aportes importantes que ayudan a mirar y a comprender las relaciones de poder que están detrás de la prohibición del aborto, permitiéndonos trascender la noción moralista con la que se emprende comúnmente esta discusión. Han definido al género como la construcción del ser hombre y ser mujer de acuerdo con un momento histórico particular y un sistema cultural que nos ubica en relación a condiciones económicas, políticas, simbólicas (Strathern, 1979). Así, en la sociedad patriarcal que rige el mundo donde los hombres controlan la vida de las mujeres –en todas las esferas, y sobre todo en la sexual/erótica-, la mujer es en tanto que madre. “La sociedad y la cultura patriarcales engendran a la mujer a través del parto, por la mediación del otro, del hijo” (Lagarde, 2003: 386). Para este sistema cultural, el hecho de que las mujeres sean biológicamente capaces de generar vida vuelve “natural” que seamos madres. Desde esta perspectiva, una mujer que no desea ser madre, debe dar explicaciones al respecto, y ya no es reconocida como mujer.

Abortar cuestiona el pacto cultural de ser mujer y la institución social que es la familia. “Si en la sociedad patriarcal el único papel reconocido a la mujer es el de ser madre y esposa, la maternidad asume el significado de un destino ineludible para ella, y el aborto provocado, que es la negación de la maternidad, se transforma por lo tanto en el acto supremo de rebelión hacia este destino” (Faggetti, 1986:31). El aborto simboliza la recuperación y el ejercicio del poder –siempre negado- de las mujeres sobre sus cuerpos y su sexualidad. En este sentido, constituye la máxima de las transgresiones en un sistema cultural donde las mujeres están subordinadas a los hombres y, además, deben aceptar esta jerarquización. Esto explica la severidad del castigo.

La maternidad es una construcción cultural más que el resultado de una condición biológica. Reconocerlo es reconocer la condición humana de la mujer, su condición cultural. Esto implica atribuirnos el control sobre nuestras capacidades de generar vida junto con un Estado que se preocupe por garantizar el acceso a la información, educación y recursos para poder tomar la decisión más coherente de acuerdo con esa condición humana (Cfr.: Rosado, 2005).

“Anticonceptivos para no abortar, aborto seguro para no morir”
Mientras se discuten temas esencialistas sobre cuándo surge la vida: desde la concepción, desde el embrión, desde que el cuerpo está formado, desde la infusión del alma, etc., la vida de millones de mujeres -claramente vivas bajo cualquier punto de vista- corre peligro y se enfrenta a la muerte cuando deciden abortar y no encuentran las condiciones seguras para hacerlo. Este es un tema crucial para entender el problema del aborto.

Según la Organización Mundial de la Salud, cada año mueren cerca de 100,000 mujeres en el mundo por abortos inseguros (OMS, 1997). Se estima que en América Latina, cerca de 4 millones de mujeres al año acuden al aborto clandestino y que el 12% de defunciones maternas se deben a abortos ilegales e inseguros, convirtiéndose en una de las principales causas de muerte materna en la región (PAHO, 2002). Ecuador no es una excepción. El CONAMU registra que el aborto es la segunda causa de mortalidad materna en el país (2005:46).

¿Se puede pensar, entonces, que al ser el aborto una práctica prohibida, no se practica? Las cifras muestran lo contrario. Tampoco puede suponerse que la legalidad del aborto inste a mujeres que no desean abortar -por su religión, su posición moral o sus deseos de tener un/a hijo/a- a que lo hagan. La penalización del aborto conduce a que miles de mujeres en Ecuador y el mundo, acudan a centros clandestinos e inseguros para abortar, o que lo provoquen ellas mismas introduciéndose agujetas o armadores que deriven en la pérdida del feto, exponiéndose a grandes riesgos, como su propia muerte.

Se evidencia que el aborto –clandestino e inseguro- es una realidad que atañe a millones de mujeres, así como a sus familias, ya que muchas de las que enfrentan el aborto, ya tienen hijos/as, están casadas o tienen pareja (PAHO, 2002). Vale reconocer la importancia del debate sobre el aborto en el marco de la salud pública y los derechos humanos de salud reproductiva –para mujeres y hombres. Así como de justicia social porque las mujeres más afectadas son las más pobres. Entonces, superar la limitada discusión sobre la vida o no del feto.

De acuerdo con el CEPAR, el 86.5% de mujeres entre 15 y 24 años no usaron métodos anticonceptivos en su primera relación sexual. Sólo el 6.7% usó condón, y el 38.6% no lo usó, principalmente, porque no conocía sobre anticonceptivos (2004: 329, 331). Es contradictorio esperar que las mujeres no queden embarazadas cuando no lo desean si es que no tienen la información adecuada para prevenirlo y protegerse. De hecho, el 54.1% (2004:334) de mujeres no casadas pensaron que no quedarían embarazadas en su primera relación sexual. Se equivocaron, porque no sabían. La falta de acceso a información sobre salud reproductiva, a las formas de prevención tanto de embarazos como de enfermedades de transmisión sexual, la deficiente educación y las limitaciones en el acceso a métodos preventivos (por su silenciosa distribución y costos) son un factor fundamental en la discusión sobre el aborto.

¿Por qué imponer ser madre a una joven que no sabía que podía quedar embarazada, que no lo deseaba y que, además, no tiene las condiciones para criar una persona? ¿Por qué obligar a una mujer que ya tiene hijos/as a tener uno/a más, cuando su situación económica se lo impide? ¿Por qué exigir a una mujer violada (que puede ser niña aún) hacerse cargo –sola- de una vida humana fruto del maltrato y no del consentimiento? Según el CONAMU el 26.4% de las denuncias presentadas en la comisaría de la mujer entre enero y junio de 2004, correspondían a mujeres violadas (2005:126), sin embargo, muchas mujeres no denuncian la violación y la principal razón es la vergüenza (40.8%,) (2004:377), lo que habla de un subregistro importante.

Abortar no es un deseo, es una necesidad. Por ello existe el derecho humano de madre y padre a decidir el número y espaciamiento de hijos/as que desean tener, a ser garantizado por el Estado, reconocido ya en 1968 por la Primera Conferencia Mundial por los Derechos Humanos. Fue ratificado en 1974 por la Conferencia de Población de Bucarest. Este derecho es violado por la penalización del aborto y la limitada educación sexual, así como por el restringido acceso a métodos anticonceptivos. Más aún, el acordado durante la Conferencia del Año Internacional de la Mujer, celebrada por la ONU en México 1995 donde, además, se reconoció la integridad física y autonomía sobre el cuerpo de la mujer, incluyendo la maternidad opcional (Freedman e Isaacs, 1993). También son violados los compromisos internacionales acordados en la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo del Cairo en 1994 y en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer en Beijing, 1995, donde se reconoció la necesidad de tratar el tema de la salud reproductiva incluyendo el aborto inseguro (Rodríguez, 2005). Estos son sólo algunas de las resoluciones sobre derechos de la mujer y reproductivos a las que Ecuador y la mayoría de países se han adscrito.

Nombre:
Ricardo Diaz
Asignatura:
Circuitos de Alta Frecuencia
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Segundo Parcial 2010-3

EL TABÚ Y LA AMBIVALENCIA DE LOS SENTIMIENTOS


Tabú es una palabra polinesia, cuya traducción se nos hace difícil porque no poseemos ya la noción correspondiente. Esta noción fue aún familiar a los romanos, cuya sacer equivalía al tabú de los polinesios. El agos de los griegos y el kodausch de los hebreos debieron de poseer el mismo sentido que el tabú de los polinesios y otras expresiones análogas usadas por multitud de pueblos de América, África (Madagascar) y del Asia septentrional y central.

Para nosotros presenta el tabú dos significaciones opuestas: la de lo sagrado o consagrado y la de lo inquietante, peligroso, prohibido o impuro. En polinesio, lo contrario de tabú es noa, o sea lo ordinario, lo que es accesible a todo el mundo. El concepto de tabú entraña, pues, una idea de reserva, y, en efecto, el tabú se manifiesta esencialmente en prohibiciones y restricciones. Nuestra expresión «temor sagrado» presentaría en muchas ocasiones un sentido coincidente con el de tabú.

Las restricciones tabú son algo muy distinto de las prohibiciones puramente morales o religiosas. No emanan de ningún mandamiento divino, sino que extraen de sí propias su autoridad. Se distinguen especialmente de las prohibiciones morales por no pertenecer a un sistema que considere necesarias en un sentido general las abstenciones y fundamente tal necesidad. Las prohibiciones tabú carecen de todo fundamento. Su origen es desconocido. Incomprensibles para nosotros, parecen naturales a aquellos que viven bajo su imperio.

Wundt dice que el tabú es el más antiguo de los códigos no escritos de la Humanidad, y la opinión general lo juzga anterior a los dioses y a toda religión.

Siéndonos precisa una imparcial descripción del tabú, si hemos de someterlo al examen psicoanalítico, extractaremos aquí lo que sobre él dice Northcote W. Tomas, en el artículo correspondiente de la Enciclopedia Británica:

«La palabra tabú no designa en rigor más que las tres nociones siguientes: a) el carácter sagrado (o impuro) de personas u objetos. b) La naturaleza de la prohibición que de este carácter emana; y c) La santidad (o impurificación) resultante de la violación de la misma. Lo contrario de tabú es en polinesio noa; esto es, lo corriente, ordinario y común.»

«Desde un más amplio punto de vista, pueden distinguirse varias clases de tabú: 1º Un tabú natural o directo, producto de una fuerza misteriosa (mana) inherente a una persona o a una cosa. 2º Un tabú transmitido o indirecto, emanado de la misma fuerza, pero que puede ser: a) Adquirido; o b) Transferido por un sacerdote, un jefe o cualquier otra persona; y 3º Un tabú intermedio entre los dos que anteceden, cuando se dan en él ambos factores, por ejemplo, en la apropiación de una mujer por un hombre.»

«Los fines del tabú son muy diversos. Así (A): los tabú directos cumplen las siguientes funciones: 1º Proteger a ciertos personajes importantes -jefes, sacerdotes, etc.- y preservar los objetos valiosos de todo daño posible. 2º Proteger a los débiles -mujeres, niños y hombres vulgares- contra el poderoso mana (fuerza mágica) de los sacerdotes y los jefes. 3º Preservar al sujeto de los peligros resultantes del contacto con cadáveres, de la absorción de determinados alimentos, etcétera. 4º Precaver las perturbaciones que puedan sobrevenir en determinados actos importantes de la vida, tales como el nacimiento, la iniciación de los adolescentes, el matrimonio, las funciones sexuales, etc. 5º Proteger a los seres humanos contra el poder o la cólera de los dioses o de los demonios; y 6º Proteger a los niños que van a nacer y a los recién nacidos de los peligros que a causa de la relación simpática que los une a sus padres pudieran éstos atraer sobre ellos realizando determinados actos o absorbiendo ciertos alimentos que habrían de comunicarles especialísimas cualidades (B): Otro de los fines del tabú es proteger la propiedad del sujeto -sus campos, herramientas, etc.- contra los ladrones.

»El castigo de la violación de un tabú quedaba abandonado primitivamente a una fuerza interior que habría de actuar de un modo automático. El tabú se vengaba a sí mismo. Más tarde, cuando empezó a constituirse la representación de la existencia de seres superiores demoníacos o divinos, se enlazó a ella el tabú y se supuso que el poder de tales seres superiores desencadenaba automáticamente el castigo del culpable. En otros casos, y probablemente a consecuencia de un desarrollo ulterior de dicha noción, tomó a su cargo la sociedad el castigo del atrevido, cuya falta atraía el peligro sobre sus semejantes. De este modo también los primeros sistemas penales de la Humanidad resultan enlazados con el tabú.»

«Aquel que ha violado un tabú adquiere por este hecho tal cualidad. Determinados peligros resultantes de la violación pueden ser conjurados mediante actos de penitencia y ceremonias de purificación.»

«El tabú se supone emanado de una especial fuerza mágica inherente a ciertos espíritus y personas y susceptible de transmitirse en todas direcciones por la mediación de objetos inanimados. Las personas y las cosas tabú pueden ser comparadas a objetos que han recibido una carga eléctrica; constituyen la sede de una terrible fuerza que se comunica por el contacto y cuya descarga trae consigo las más desastrosas consecuencias cuando el organismo que la provoca no es lo suficientemente fuerte para resistirla. Por tanto, las consecuencias de la violación de un tabú no dependen tan sólo de la intensidad de la fuerza mágica inherente al objeto tabú, sino también de la intensidad del mana que en el impío se opone a esta fuerza. Así, los reyes y sacerdotes poseen una fuerza extraordinaria, y aquellos súbditos que entrasen en contacto inmediato con ellos, pagarían su atrevimiento con la vida. En cambio, un ministro u otra persona dotada de un mana superior al corriente puede comunicar con ellos sin peligro, y tales personas intermediarias resultan por su parte accesibles a sus subordinados sin peligro para estos últimos. La importancia de un tabú transmitido depende también del mana de la persona de que procede. Un tabú transmitido por un rey o por un sacerdote es más eficaz que el transmitido por un hombre ordinario.»

La transmisibilidad del tabú es probablemente lo que ha dado nacimiento a la creencia de la posibilidad de eludirlo por medio de ceremonias de expiación.

«Existen tabús permanentes y tabús temporales. Los sacerdotes y los jefes, así como los muertos y todo lo que con ellos se relaciona, pertenecen a la primera clase. Los tabús pasajeros se enlazan a ciertos estados y actividades, tales como la menstruación y el parto, el estado del guerrero antes y después de la expedición, la caza y la pesca, etc. Hay también tabús generales que, a semejanza de un interdicto o del Papa, pueden ser suspendidos sobre una extensa región y mantenidos durante muchos años.»

Creo adivinar la impresión de mis lectores, suponiendo que después de haber leído estas citas no se encuentran más instruidos que antes sobre la naturaleza del tabú y el lugar que deben concederle entre sus conocimientos. Ello depende, desde luego, de la insuficiencia de mis informaciones, en las que he prescindido de todo lo referente a las relaciones del tabú con la superstición, la creencia en la inmortalidad del alma y la religión. Pero una exposición más detallada de aquello que sobre el tabú sabemos no habría de servir sino para complicar más la cuestión, ya de por sí harto oscura. Dejaremos, pues, sentado que se trata de una serie de limitaciones a las que se someten los pueblos primitivos, ignorando sus razones y sin preocuparse siquiera de investigarlas, pero considerándolas como cosa natural y perfectamente convencidos de que su violación les atraería los peores castigos. Existen relatos fidedignos de casos en los que la infracción involuntaria de alguna de estas prohibiciones ha sido seguida efectivamente de un castigo automático. Así, el inocente malhechor que sin saberlo ha comido carne de un animal tabú, cae, al darse cuenta de su crimen, en una profunda depresión, da por segura su muerte en breve plazo y acaba realmente por morir. Las prohibiciones recaen en su mayoría sobre la absorción de alimentos, la realización de ciertos actos y la comunicación con ciertas personas. Determinados tabús nos parecen racionales, pues tienden a imponer abstenciones y privaciones. En cambio, otros recaen sobre nimiedades exentas de toda significación, y no podemos considerarlos sino como una especie de ceremonial. Todas estas prohibiciones parecen reposar sobre una teoría, según la cual dependería su necesidad de la existencia de determinadas personas o cosas que entrañarían una fuerza peligrosa, transmisible por el contacto como un contagio. Algunas de ellas poseerían dicha fuerza en un grado mayor que otras, y el peligro sería directamente proporcional a la diferencia de tales cargas. Lo más singular de todo esto es que aquellos que tienen la desgracia de violar una de tales prohibiciones se convierten, a su vez, en prohibidos e interdictos, como si hubieran recibido la totalidad de la carga peligrosa. Esta fuerza es inherente a todas las personas que presentan alguna particularidad -los reyes, los sacerdotes, los recién nacidos-, y también a todos los estados excepcionales -la menstruación, el parto, la pubertad- o misteriosos -la enfermedad y la muerte- y a todo aquello que por la facultad de difusión y contagio queda relacionado con ellos.

Son calificados de tabú todos los lugares, personas, objetos y estados que entrañan la misteriosa propiedad antes expuesta o son fuente de ella. Asimismo, las prohibiciones en ella basadas, y, por último, conforme al sentido literal de la palabra, todo aquello que es sagrado o superior al nivel vulgar, y a la vez peligroso, impuro o inquietante.

La palabra «tabú» y el sistema que designa expresa un conjunto de hechos psíquicos cuyo sentido nos escapa, haciéndonos suponer que sólo después de un penetrante examen de la creencia en los espíritus y en los demonios, característica de estas civilizaciones primitivas, nos será posible aproximarnos a su inteligencia.

Mas, ¿por qué dedicar nuestro interés a este enigma del tabú? A mi juicio, no sólo porque todo problema psicológico merece que se intente su solución, sino también por otras razones. Sospechamos, en efecto, que el tabú de los polinesios no nos es tan ajeno como al principio lo parece y que la esencia de las prohibiciones tradicionales y éticas, a las que por nuestra parte obedecemos, pudiera poseer una cierta afinidad con este tabú primitivo, de manera que el esclarecimiento del mismo habría, quizá, de proyectar alguna luz sobre el oscuro origen de nuestro propio «imperativo categórico».

Así, pues, nos interesará profundamente la concepción que del tabú haya podido formarse un investigador tan autorizado como W. Wundt, y tanto más cuanto que nos promete «explorar hasta las últimas raíces de la idea de tabú».

La noción del tabú, dice Wundt, «comprende todos los usos en los que se manifiesta el temor inspirado por determinados objetos relacionados con las representaciones del culto y por los actos con ellos enlazados».

Y en otro lugar: «Si entendemos por tabú, conforme al sentido general de la palabra, toda prohibición impuesta por el uso y la costumbre o expresamente formulada en leyes, de tocar un objeto, aprovecharse de él o servirse de ciertas palabras prohibidas…», habremos de reconocer que no existe un solo pueblo ni una sola fase de la civilización en los que no se haya dado una tal circunstancia.

Explica después Wundt por qué le parece más adecuado estudiar la naturaleza del tabú en las condiciones primitivas de los salvajes australianos que en la civilización superior de los pueblos polinesios, y divide las prohibiciones tabú en los primeros en tres clases, según se refieran a animales, a hombres o a objetos inanimados. El tabú de los animales, que consiste esencialmente en la prohibición de matarlos y consumir su carne, constituye el nódulo del totemismo. El tabú de los hombres presenta un carácter esencialmente diferente, hallándose limitado, de antemano, a circunstancias excepcionales de la vida del sujeto. Así, los adolescentes son tabú durante las ceremonias de su iniciación y las mujeres durante la menstruación e inmediatamente después del parto. Son también tabú los niños recién nacidos, los enfermos, y, sobre todo, los muertos. Los objetos de que un hombre se sirve constantemente, sus vestidos, sus útiles de trabajo y sus armas, son también tabú para los demás. El nuevo nombre que el adolescente recibe en el momento de su iniciación a la madurez constituye en Australia su propiedad más personal, y, por tanto, es tabú y debe ser mantenido secreto. Los tabús de tercera categoría, o de aquellos que se refieren a árboles, plantas, casas y localidades, son más variables y no parecen hallarse sometidos sino a una sola regla: la de ser tabú todo aquello que por cualquier razón inspira temor o inquietud.

Las modificaciones que el tabú presenta en los pueblos de una cultura algo más avanzada, tales como los de la Polinesia y del archipiélago malayo, han sido reconocidas por el mismo Wundt como puramente superficiales. La mayor diferenciación social en ellos existente se manifiesta en el hecho de que sus reyes, jefes y sacerdotes ejercen un tabú particularmente eficaz y se hallan asimismo más obligados y limitados que los demás, por restricciones de este género.

Pero las fuentes verdaderas del tabú deben ser buscadas más profundamente que en los intereses de las clases privilegiadas; «nacen en el lugar de origen de los instintos más primitivos y a la vez más duraderos del hombre; esto es, en el temor a la acción de fuerzas demoníacas». «No siendo, originariamente, sino una objetivación del temor al poder demoníaco que suponía oculto en el objeto tabú, prohíbe el tabú irritar a dicha potencia y ordena apaciguar la cólera del demonio y evitar su venganza siempre que se ha llevado a cabo una violación, intencionada o no.»

Poco a poco va constituyéndose el tabú en un poder independiente, desligado del demonio, hasta que llega a convertirse en una prohibición impuesta por la tradición y la costumbre, y, en último término, por la ley. «Pero el mandamiento tácito disimulado detrás de las prohibiciones tabú, las cuales varían con las circunstancias de lugar y tiempo, es originariamente el que sigue: «Guárdate de la cólera de los demonios.»

Nos enseña así Wundt que el tabú es una manifestación y una consecuencia de la creencia de los pueblos primitivos en los poderes demoníacos. Ulteriormente se habría desligado el tabú de esta raíz y habría continuado constituyendo un poder, simplemente en virtud de una especie de inercia psíquica, formando así la raíz de nuestras propias prescripciones morales y de nuestras leyes. Aunque la primera de estas afirmaciones no despierta en nosotros objeción ninguna, creo interpretar el sentimiento general de mis lectores manifestándome defraudado por estas explicaciones de Wundt.

Explicar así el tabú no es remontarse hasta las fuentes mismas de su concepto y mostrar sus últimas raíces. Ni el mundo ni los demonios pueden ser considerados en Psicología como causas primeras, más allá de las cuales sea imposible remontarse. Otra cosa sería si los demonios tuvieran una existencia real, pero sabemos que no son -como tampoco los dioses- sino creaciones de las fuerzas psíquicas del hombre. Tanto unos como otros han surgido de algo anterior a ellos.

Sobre la doble significación del tabú expresa Wundt ideas muy importantes, pero no del todo claras. A su juicio, la idea primitiva del tabú no entrañaba una separación de los conceptos de sagrado e impuro, razón por la cual carecen en ella tales conceptos de la significación que luego adquirieron al ser opuestos uno al otro. El hombre, el animal o el lugar sobre el que recae un tabú son demoníacos, pero no sagrados, y, por tanto, tampoco impuros, en el sentido ulterior de esta palabra. Precisamente a esta significación indiferente e intermedia de lo demoníaco, esto es, la de aquello que no debe tocarse, es a la que mejor se adapta la expresión tabú, pues hace resaltar un carácter que permanece común a lo sagrado y a lo impuro a través de todos los tiempos: el temor a su contacto. Pero esta comunidad persistente de un carácter importante constituye un indicio de la existencia de una primitiva coincidencia de ambos conceptos, coincidencia que bajo ulteriores circunstancias fue siendo sustituida por una diferenciación, a consecuencia de la cual se estableció la antítesis que luego presentan entre sí. La creencia, inherente al tabú primitivo, en un poder demoníaco oculto en determinados objetos y que castiga el uso de los mismos o simplemente el contacto con ellos, embrujando al culpable, no es, en efecto, sino el temor objetivado. Este temor no ha pasado todavía por el desdoblamiento en veneración y execración que luego experimenta en fases más avanzadas.

Pero, ¿cómo se produce este desdoblamiento? Según Wundt, por medio del paso de las prescripciones tabú, desde la creencia en los demonios a la creencia en los dioses. La oposición de sagrado e impuro coincide con la sucesión de dos fases mitológicas, la primera de las cuales no desaparece por completo al ser dominada por la segunda, sino que sigue subsistiendo a su lado en una situación cada vez más inferior, hasta perder por completo la estimación de que un día gozó y convertirse en algo despreciable. En la Mitología se realiza siempre la ley de que una fase ulterior, dominada y reprimida por otra, se mantiene, por el hecho mismo de su represión, al lado de la dominante, en una situación de inferioridad y transformándose lo que en ella era venerado en objeto de execración.

Las restantes consideraciones de Wundt se refieren a las relaciones de las representaciones de tabú con la purificación y con la víctima expiatoria


Nombre:
Ricardo Diaz
Asignatura:
Circuitos de Alta Frecuencia
Fuentes:
Blog:
Parcial:
Segundo Parcial 2010-3



Drogas Ancestrales






Se las conoce como "Plantas sagradas" e incluso se las llamó "Plantas que enseñan". Hoy, en las sociedades occidentales, esas drogas rituales parecen haber desaparecido. Sin embargo, en el corazón mismo de las grandes ciudades, hay quienes buscan, a la manera de los antiguos brujos o chamanes, conectarse con lo sagrado.
En Buenos Aires, Argentina, Gerónimo Tejedor es un psicólogo clínico que se ha interesado por el aprendizaje de las plantas sagradas en la selva del Perú. Si bien algunos lo verían como un Chaman o brujo moderno, él prefiere definirse como un "ayahuasquero". En la actualidad, dedica su vida a los tratamientos del espíritu por medio de la ayahuasca.
En México, un antropólogo realiza una búsqueda sin descanso por las sierras mazatecas en busca de "hongos prohibidos". Cuando Julio llega a la ciudad de Huautla, está ansioso por conversar con Filomeno, nieto de María Sabina, quién le mostrará los rituales más arriesgados que envuelven a los hongos sagrados.
En un barrio residencial de la ciudad de Buenos Aires, pocas personas imaginarían encontrar una florida plantación de marihuana en la terraza de una casa familiar. Allí, un joven logra sobrellevar terribles dolores físicos gracias al consumo de marihuana. Luego de una búsqueda desesperada para apaciguarlos, German descubre en la marihuana la medicina que más lo calma. ¿Qué haría usted si la solución a su sufrimiento es una sustancia prohibida?
En la Sierra Madre Occidental de México, existe un pueblo. un universo mágico gobernado por la casta de los chamanes: la ancestral cultura Huichol.
Un hombre decide trasladarse al desierto de San Luis de Potosí para revivir el ritual más sagrado de los huicholes: la ceremonia colectiva de peyote. A pesar de su descendencia europea, Abenamar luce como un aborigen. Usa aros y lleva el pelo largo, en concordancia con la identidad a la que ha elegido pertenecer: el universo huichol. Tuvo su primer contacto con la planta de peyote al ser invitado a una ceremonia por un Maestro Chamán que le confesó que el Peyote tenía un mensaje revelador para darle.
El principal cactus con propiedades alucinógenas es el peyote. Algunos viejos chamanes lo conocen como "el mensajero divino" y otros lo describen como "la planta que hace que los ojos se maravillen". En el corazón del DF, Tulio se animará a transgredir los ritos ancestrales más sagrados y desafiar sus propios límites al ingerir altísimas dosis de peyote en sus más diversas variantes.
Las plantas mágicas fueron la llave que usaban los chamanes para expandir la conciencia y experimentar lo divino. Usted emprenderá un viaje que lo llevará a lo más profundo de la tradición. un viaje Tabú al centro mismo del Tabú


















Belleza extrema

La belleza siempre ha sido una de las obsesiones del ser humano. Pero, ¿existe un ideal absoluto, capaz de trascender épocas y culturas? ¿O se trata, inevitablemente, de una expresión subjetiva?

Hoy, la sociedad nos impone claros y rígidos parámetros para definir lo que es bello. Y, sin embargo, algunos se atreven a ser diferentes.

En México, La famosa actriz y vedette Lin May ha logrado un cuerpo espléndido con sesiones de gimnasio y cirugías estéticas. Pero sus recurrentes visitas al cirujano plástico, en busca de un ideal cada vez más difícil de alcanzar, tienen desastrosas consecuencias en una fallida intervención. Hoy, aunque su cuerpo se mantiene perfecto. su rostro,
está irremediablemente desfigurado.

Un joven transforma su piel para perpetuar las sagradas tradiciones de sus antepasados, los antiguos mexicas. Este cambio físico radical es acompañado por danzas ancestrales y el manejo de la lengua Nahuatle. Junto a su mujer regentean un restaurante de comida típica prehispánica donde los chapulines, hormigas y grillos están entre las posibilidades que ofrece el menú.

En Argentina, el voluptuoso cuerpo de Majo no es solamente obra de la naturaleza. es el resultado de treinta y cuatro intervenciones quirúrgicas. Para esta mujer fue un camino inevitable: alcanzar su ideal estético exigía atravesar esta extrema transformación. porque ella nació siendo hombre. Y la metamorfosis todavía no terminó: va a practicarse una mentoplastía y un implante capilar.

En la provincia de Córdoba, Argentina, y en oposición al canon dominante de extrema delgadez una joven intenta imponer su propio modelo de belleza: la gordura. Tal vez un arquetipo estético en otras épocas, esta mujer hoy enfrenta un mundo hostil. Y desafía todas las convenciones; defendiendo sus ideas desde un blog y protagonizando una producción fotográfica donde se muestra como una sensual Venus. de más de ciento diez kilos.

Suele decirse que la belleza está en el ojo del que mira.
Pero qué sucede cuando aquello que miramos rompe todas nuestras reglas sociales y, simplemente. cruza los límites del tabú.